Siempre lo intuí y ayer pude comprobarlo. Iba predispuesto a no decir que no a nada pero a la tercera tuve que desistir. Culpa mía sin lugar a dudas (mi manía de seguir vivo). La sensación de estar suspendido en el aire a dios sabe cuantos metros del suelo (68 m) era bonita (había buenas vistas) pero la vuelta a tierra firme de golpe no fue tan agradable.
Eso y los giros posteriores, sin haberme recuperado de mi ECM particular en la que vi pasar mi triste y patética vida en forma de diapositivas frente a mí, pudieron conmigo.
A partir de ahí tuve que ser más selectivo. Algún "ahí ni loco" contribuyeron a que hoy pueda estar contándolo.
Pero no todo es culpa mía. En los parques de atracciones hay otros elementos, que se escapan a mi control, que también hacen que los odie.
Hay gente.
Pero no gente cualquiera. Hay niños gritones y lloricas, adolescentes (el futuro del país) a los que ahogarías con gusto con tus propias manos, "adultos" no menos gritones que los niños,... todos ellos sin ningún tipo de urbanidad ni educación, cerdos inadaptados a cualquier sociedad que pueda etiquetarse de civilizada.
Hay sol.
Un sol que te achicharra y cuece al mismo tiempo (por dentro y por fuera, como los buenos hornos). Que se lo digan a mi cuello.
Hay comida y bebida.
Igual a la de otros sitios pero tres veces más cara. No les vasta con apuñalarte a la entrada, que te siguen clavando cuchillos a cada paso que das.
Y seguro que hay más cosas que odio, pero en un día no da tiempo a todo.
Resumiendo, si hubiera un ciclón que se aproximara a un parque de atracciones y estuviera en mi mano desviarlo hacia la casa que comparten en el infierno hitler, mussolini y franco no movería ni un dedo.
Bueno, igual por el agua y la buena compañía movería el dedo un poquito. Si es que en el fondo soy un sentimental.
Hace ya muchos, muchos años. El lugar de encuentro de la chiquillería eran los bares del pueblo. Al contrario de ahora no se juntaban para beber ("la juventud se pierde, como se pierde" que diría Ismael Serrano), sino que se arremolinaban (arremolinabamos) delante de una maquinita gigantesca con botones y joystick y una pantalla en la que aparecían vikingos, ninjas y malvados; muchos malvados a los que había que darle para el pelo; y cada cierto tiempo, dependiendo de la pericia de cada uno la fatídica frasecita "Game over" seguida de la tentadora "Insert coin".
Por aquella época también pasó por mis manos, aunque de forma breve e intermitente, otro aparatejo mucho más pequeño pero de la misma funcionalidad (consola portatil la llamaban) y un simpático erizo color azul.
Eran buenos tiempos aquellos y hoy de la mano de otra portatil he podido revivirlos.
Han pasado 88 años desde lo de Pichichi y Zamora, 24 desde lo de Platiní y Arconada y 14 desde lo de Tassotti (Luis Enrique ha sido vengado y de la forma más cruel posible, dándoles esperanzas de victoria hasta el final).
Y ayer surgió el milagro. La barrera de los cuartos de final de un campeonato se rompió para España. Un juego no muy mediocre, la suerte de los penaltis y el apoyo a Portugal (perdón a todos los portugueses, ya se sabe que equipo que apoya la afición española equipo que palma en cuartos) hizo que la historia cambiara y que, pese a los fantasmas de tongo arbitral que planearon como antaño, el españolito de a pie esté eufórico con su selección y tenga esperanzas (fundadas) en que este año puede caer la Eurocopa. Siempre que los rusos lo permitan. Y los alemanes y turcos (si no se mantan entre ellos).
Dicen que allá por el siglo XVI siendo Inquisidor General de España Don Fernando Valdés, cardenal arzobispo de Sevilla, en el margen del Guadalquivir, junto al arrabal de Triana, estaba el Castillo de San Jorge, que fue edificado sobre los restos de una antigua fortaleza árabe, y que contaba con 26 cárceles secretas, las cuales eran calificadas por el mismísimo Santo Oficio en el S. XVII como "antros de horror, hediondez y soledad".
Estas estaban orientadas al Altozano, a la calle San Jorge y a la calle Castilla. Dentro del castillo se encontraba también la Iglesia de San Jorge, primitiva parroquia de Triana. La Inquisición estuvo establecida en el castillo desde 1481 a 1785, comenzando las actuaciones desde este en 1482 y utilizando para realizar sus autos de fe, primero las gradas de la Catedral, y más tarde en la Plaza de San Francisco, aunque la mayoría tuvieron lugar en la iglesia de Santa Ana, además de la de San Marcos y en el convento de San Pablo.
Y cuentan que hoy todavía, en el llamado callejón de la Inquisición,se pueden escuchar, al amparo de las oscuridad y el silencio de la noche, el arrastrar de cadenas y los lamentos de los allí torturados por el "bien de la fe católica".
España ya está en cuartos a falta de un partido por disputar en esta primera fase. Y parece que ha decidido jugar con el equipo suplente (que no tiene nada que envidiar al titular) contra los griegos.
Si es que se les nota el espíritu ganador. Mirad, mirad.
Mezclamos en una probeta de ensayo un poco de teatro de gran puesta en escena, otro poco de música en directo y mucha espectacularidad circense y este es el resultado.
Lo montamos en una carpa en Málaga (aprovechas antes para hincharte a carne en un brasileño -y no va con dobles intenciones).
A partir de aquí, por política de empresa, completamos visualmente con ayuda del youtube.
Y dos horas y media después sales con la agradable sensación de haber aprovechado hasta el último centimo de la cara entrada que compraste para la ocasión.
Ese es el lema que ha elegido el intermedio, en la sexta, para esta Eurocopa. Huele a rabieta por no ser ellos los que tienen los derechos de emisión.
Pero bien mirado quizá no sea una idea tan descabellada. Un problema que a tenido siempre la selección española es que ilusiona el primer día pero a partir del segundo ya aburre y decepciona. Y la zanahoria de los cuartos de final ya cansa.
Pero no todo es culpa de los jugadores y su juego nada ilusionante.
Ni del entrenador (al fin y al cabo se merece seguir en el puesto después del majestuoso último mundial,ha que siempre lleva a los mejores jugadores y ha que su sistema de juego sin bandas es la envidia de todo el mundo, ¿verdad?).
La afición también tiene su parte de culpa.
De todos es sabido que el españolito de a pie es más de club que de selección. Basta salir a la calle y preguntar a cualquiera si prefiere que el Sevilla (por poner un ejemplo localmente cercano) gane la Champion o que la selección gane la Eurocopa. Nuestra pobre selección no saldría bien parada. Aunque en estas épocas se envalentona cuando se la tocan (la selección, no seais mal pensados y mirad los comentarios).
Y se me olvidaba la nada corrupta federación, siempre mirando por el bien de la selección (Villar y sus palmeros).
Así que bien mirado no está tan mal apoyar a Portugal (Cristiano Ronaldo, tan de moda ahora juega allí), Holanda (Snejder y Van Nistelroy han marcado hoy) o Alemania (Odonkor a sido convocado) por poner unos ejemplos.
Y a la selección española que la animen los ingleses.
Nunca fue tan cierta aquella afirmación de que la cara es el espejo del alma y aquella otra de más vale una imagen que mil palabras. ¿Sería esta la cara que se le quedó a la vaca a la que sorprendió el tren?