29 junio, 2008

Odio los parques de atracciones

Siempre lo intuí y ayer pude comprobarlo. Iba predispuesto a no decir que no a nada pero a la tercera tuve que desistir. Culpa mía sin lugar a dudas (mi manía de seguir vivo). La sensación de estar suspendido en el aire a dios sabe cuantos metros del suelo (68 m) era bonita (había buenas vistas) pero la vuelta a tierra firme de golpe no fue tan agradable.



Eso y los giros posteriores, sin haberme recuperado de mi ECM particular en la que vi pasar mi triste y patética vida en forma de diapositivas frente a mí, pudieron conmigo.




A partir de ahí tuve que ser más selectivo. Algún "ahí ni loco" contribuyeron a que hoy pueda estar contándolo.

Pero no todo es culpa mía. En los parques de atracciones hay otros elementos, que se escapan a mi control, que también hacen que los odie.

Hay gente.

Pero no gente cualquiera. Hay niños gritones y lloricas, adolescentes (el futuro del país) a los que ahogarías con gusto con tus propias manos, "adultos" no menos gritones que los niños,... todos ellos sin ningún tipo de urbanidad ni educación, cerdos inadaptados a cualquier sociedad que pueda etiquetarse de civilizada.

Hay sol.

Un sol que te achicharra y cuece al mismo tiempo (por dentro y por fuera, como los buenos hornos). Que se lo digan a mi cuello.

Hay comida y bebida.

Igual a la de otros sitios pero tres veces más cara. No les vasta con apuñalarte a la entrada, que te siguen clavando cuchillos a cada paso que das.

Y seguro que hay más cosas que odio, pero en un día no da tiempo a todo.

Resumiendo, si hubiera un ciclón que se aproximara a un parque de atracciones y estuviera en mi mano desviarlo hacia la casa que comparten en el infierno hitler, mussolini y franco no movería ni un dedo.

Bueno, igual por el agua y la buena compañía movería el dedo un poquito. Si es que en el fondo soy un sentimental.


Delorean - Soon

1 comentario:

Dani dijo...

Venga hombre que no fue para tanto. X-D