04 junio, 2010

Damnâtiô (XXVII)

En ese momento la mente de Alberto se nubló. A su cabeza le vinieron a modo de fotogramas de película los acontecimientos de los últimos días.


El descubrimiento del habitáculo y su contenido, el cadáver de Salvatore en su bañera, la pintada del espejo, la mirada triste de Elena en el bar del Altozano, el cajón con el legajo y la pistola, la ambulancia alejándose con el cuerpo de Elena.


La pistola. Recordó que la seguía llevando en la mochila. El siempre había sido una persona pacífica pero en esos momentos no era el mismo.


Sacó el arma y ante la sorpresa de sus no invitados dos disparos sonaron al tiempo que todo se les volvía oscuridad y caían desplomados al suelo de la habitación.

(Continuará...)

2 comentarios:

Josema77 dijo...

Joder, aquí va a morir hasta el apuntador.

La de la limpieza me ha dicho que el próximo charco de sangre lo va a limpiar el autor con los c...

Un fraggel por Sevilla dijo...

Tranquilo. El Martes a las 19:00 habrá acabado todo, incluido el contrato de la limpiadora (gracias reforma laboral).