08 agosto, 2009

Todo que perder

¿Y si no supieras que ese iba a ser tu último día en la tierra? Él no sabía lo que le esperaba.

Amaneció como cualquier otro día. Los primeros rayos del alba le golpearon como cada mañana y se fue desperezando poco a poco. Como siempre. La misma rutina de los últimos meses si no años.

Salió como era costumbre a la gran terraza del dormitorio para tomar el aire y fumar un cigarrillo. Para rememorar entre calada y calada lo acontecido aquella noche y alegrarse de su suerte mientras observaba desde fuera a su última conquista, todavía tendida en su lecho.

Braulio, el mayordomo, ya le tenía preparado el desayuno. Continental. Se había acostumbrado tras los muchos años de viajes de negocios que tenía a sus espaldas. De avión en avión. De hotel en hotel.

Aquel día era especial. Traje a medida nuevo, la ocasión lo merecía, y gomina, como siempre. Había que cerrar un gran negocio tras varios meses de espera y estaba algo nervioso por llegar a la oficina. Lo mejor sería coger el SLK y aprovechar el aire para terminar de despejarse.

Aparcó en su plaza reservada. Subió de un salto hasta la primera planta y mientras pasaba al lado de su secretaria ordenó, con una sonrisa de oreja a oreja, que por nada del mundo fuera molestado.

No hizo nada más que sentarse en su sillón de ante cuando frente a él apareció una cara muy familiar pero nada amistosa y el eco chirriante de su secretaria se colaba por la puerta recién abierta.

Dos disparos secos retumbaron en todo el edificio. Dos cuerpos inertes cayeron sobre el parqué. El día había acabado para ambos y ambos lo eligieron, pero sólo uno de ellos lo sabía.




Astronauta del subsuelo - Viaje espacial

2 comentarios:

Laura dijo...

Buenísimo.
Casi mejor no saber que es tu último día, ¿no?

Besito

Un fraggel por Sevilla dijo...

Dicen que es más feliz el que vive en la ignorancia. Benditos ignorantes.